jueves, 20 de abril de 2017

6 tipos de transacciones

Hemos podido establecer seis tipos de experiencia que incluyen todas las conciliaciones o transacciones. Estos son:
+ Ausencia. Aunque no es propiamente una conciliación con otra persona, puede producirse, sin embargo, dentro de un marco social, cuando se "ausentan" mentalmente aunque compartan un espacio físico.
+ Rituales. El tiempo se emplea de común acuerdo. El ritual permite que las personas pasen tiempo sin acercarse unas a otras. Los rituales como las ausencias pueden mantenernos aparte.
+ Actividades. El tiempo se estructura con un proyecto exterior. Pueden resultar satisfactorias en sí mismas o en el logro de elogios. Mientras dura la actividad no hay necesidad de relacionarse íntimamente con otra persona. Puede hacerse pero no es necesario.
+ Pasatiempos. Son una manera de llenar nuestro ocio. Existencialmente, es una manera de mantener a distancia la culpabilidad, la desesperación o la intimidad
+ Juegos. No implica necesariamente diversión ni siquiera placer. Los juegos son una serie de conciliaciones complementarias, con una motivación oculta; una serie de movimientos con una trampa o "truco". Todo juego es esencialmente deshonesto y el resultado tiene una calidad dramática; a diferencia de los anteriores. Todos los juegos tienen su origen en el sencillo juego infantil: "El mío es mejor que el tuyo", que tiene por finalidad conseguir un alivio momentáneo de la pesada carga de la posición Yo estoy mal.
Los juegos son una manera de emplear el tiempo para las personas que no pueden soportar la privación de caricias y les hace imposible llegar a la intimidad.
+ Intimidad. Existe independiente de los cinco primeros modos. Se basa en la aceptación por parte de las dos personas de la posición yo estoy bien - tú estás bien. Descansa en un amor que "acepta", donde las defensas no son necesarias. Es una relación a cargo del adulto de las dos personas. La intimidad se opone a los juegos debido a sus objetivos.
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"Los juegos que juega la gente", Eric Berne

Yo estoy bien, tú estás bien

pp. 119-129 

domingo, 9 de abril de 2017

Trabajo con el amor/afecto/cuidado

- El amor es más complejo que otras emociones básicas y puede incluir patrones de emociones, congniciones e impulsos.
- El amor, en forma general, es la emoción que nos conecta a otras personas.
- El amor es, en gran medida, la experiencia de entusiasmo y alegría en la interacción o implicación con los demás. Supone deleitarse en la persona a la que uno ama y encontrar plenitud y placer al estar en contacto con el otro.
Al hacer contacto con otro nos volvemos, no sólo más completos e integrados, sino que también nos expandimos, incorporando aspectos del otro en sí-mismo, desarrollando nuevas habilidades, actitudes y recursos, así como una mayor capacidad de sobrevivir y crecer. Experienciamos al ser amado como una fuente de satisfacción de importantes necesidades psicológicas.

Amor apasionado.- Está lleno de entusiasmo y anhelo, al mismo tiempo que está cargado de ansiedad, desesperación, soledad y miedo intenso. Implica un intenso anhelo de conexión o unión con la persona amada y, con frecuencia, culmina en alegría y plenitud.

Amor compasivo.- Es menos intenso que el apasionado pero implica compromiso e intimidad.


El amor se puede ver como una forma de vínculo adulto, enraizado en las experiencias de vínculo de la infancia; por lo tanto, está sujeto a los mismos procesos que se dan en los vínculos infantiles, incluyendo la ansiedad por la separación y la pérdida. La experiencia de un vínculo parece ser, entonces, una experiencia fundamental en humanos y primates; además, el deseo de intimidad y de conexión es un aspecto de la interdependencia humana madura. En un vínculo adulto seguro, las personas están mutuamente accesibles emocionalmente y son sensibles a las necesidades del otro.

Tendencia de acción

La emoción del amor implica la tendencia de acción de establecer alguna forma de contacto con la persona amada, así como una disposición a evaluara al otro positivamente, otorgándole profunda importancia para el bienestar.
En el amor romántico, la tendencia es una necesidad apremiante de intimidad y afecto físico con la persona amada, que incluye preocupación, calidez, ternura y contacto sexual. Hay un fuerte deseo de tocar y ser tocado.
En el amor platónico o la simpatía existe un deseo de intimidad social y personal y, aunque no es sexual, también supone interés, calidez y preocupación por el otro.

Problemas

- La dependencia, hasta el punto de que la persona se siente incapaz de sobrevivir sin el otro, o problemas de amor unilateral o no correspondido.
- La reciprocidad que deteriora la capacidad de experienciar el amor de otra persona, como ocurre con la frialdad y cuando uno se centra en uno mismo de modo extremo.
- Trastornos en torno al vínculo, inseguridad básica y ansiedades de separación.
- El enganche, la rabia, el aislamiento, la indiferencia y la dependencia patológica.
- El miedo a la intimidad.
- La agorafobia

Perspectiva terapéutica general

- La meta, como con las demás emociones, es acceder a la fortaleza adaptativa asociada con la emoción primaria.
- Acceder al amor hacia otra persona forma, con frecuencia, parte de la resolución de temas interpersonales en terapia, como son los asuntos inconclusos con un padre o cónyuge.
- Los estados problemáticos en terapia relacionados con el amor generalmente son el resultado de otros temas emocionales no resueltos, que impiden que éste se experiencie.

Trabajar con las emociones en psicoterapia

pp. 352-359 

sábado, 11 de marzo de 2017

Amigo Vs. Padre

Si Dios nos regala un hijo
Jueves, 25 Diciembre, 2008 by Pablo Gimenez (sic)

Una de las peores secuelas de la culpabilidad que nos atormenta hoy a la mayoría de los padres es que se han revertido los términos de nuestras relaciones con los hijos.

Hasta donde recuerdo, los esfuerzos de mis papás estaban encaminados a lograr que los respetáramos, obedeciéramos sus órdenes, tuviéramos buenos modales y fuéramos estudiantes consagrados.

Es decir, su función no era complacernos sino educarnos. Agradarlos era asunto nuestro, no suyo.

Mientras que hasta hace sólo un par de generaciones los niños hacían lo posible por complacer a sus padres, hoy nosotros hacemos hasta lo imposible por complacer a los hijos…

Parece que los sentimientos de culpa nos hacen creer que, como siempre hay algo en que nos hemos equivocado, no somos merecedores del amor de nuestros hijos y por lo tanto tenemos que ganárnoslo.

Lo más grave de este fenómeno es que desde el momento en que son los hijos quienes nos otorgan su amor y nosotros quienes tenemos que merecérnoslo, son ellos quienes tienen el poder en la familia.

Es por eso que hoy los niños son los que mandan y los padres los que obedecemos, una situación sin precedentes en las generaciones anteriores.

Esta nueva posición de inferioridad paterna da lugar a ciertas actitudes inconcebibles de los padres hoy como, por ejemplo, el creciente interés por ser los mejores amigos de los hijos…

Lo peor es que el esfuerzo por ganar su amistad nos lleva a actuar como aliados de nuestros hijos, por lo que estamos prestos a defenderlos ante la autoridad, ante el colegio, ante los profesores, es decir, ante todo el que se atreva a contrariarlos.

Esto significa que, no sólo no les ponemos límites sino que nos oponemos a que otros lo hagan. Y lo que así se logra es que los hijos se conviertan en personas irreverentes e irresponsables, que van por la vida exigiendo derechos que no tienen y  privilegios que no se merecen, pero siempre sabiendo que sus papás los sacarán de cualquier problema.

El amor de los hijos no se compra, y menos a base de convertirnos en sus pares. El precio a pagar no puede ser colocarlos en el lugar que nos corresponde como padres porque los dejamos huérfanos.

Lo que nos hará merecedores de su afecto y admiración será la dedicación, que estemos al mando de sus vidas hasta que tengan la madurez para hacerlo por sí mismos.

Esto significa que nuestra función no es subyugar a los hijos como en el pasado, pero tampoco rendirnos a sus pies para que nos amen, sino liderar su travesía inicial para que puedan más adelante ser capitanes idóneos de sus propias vidas.

Ángela Marulanda

http://unmensajeparati.wordpress.com/ 

domingo, 19 de febrero de 2017

Actitudes en Gestalt

- Emociones, cuerpo, cognición y relaciones son temas muy estudiados en la Terapia Gestalt; pero las actitudes no.
- Desde el punto de vista de la Psicología General, una actitud está formada por:
+ un componente cognitivo (una creencia)
+ un componente emocional o afectivo, y
+ un componente dirigido a la ación: impulso o tendencia.
Por ejemplo: una actitud racista.
Tiene creencias en que el otro, por ser diferente es peligroso o tiene menos valor, acompañada de emociones como el miedo, la desconfianza y el odio; y por la tendencia a despreciar al otro, a rechazarlo, a vigiarlo y a no darle lugar.
- Cuando se produce una sinergia entre un pensamiento y una emoción aparece normalmente un tercer ingrediente: el impulso o la tendencia, de manera, además, bastante automática o ciega.
Cuando se le muestra este automatismo al cliente le cuesta mucho trabajo comprender que las cosas puedan ser de otra manera, o que él pueda actuar de otra manera, le parece algo natural en él e incluso llega a descalificar a los que piensan o actúan de otra manera.
- Es en la práctica donde nos encontramos con la enorme dificultad de cambiar actitudes, no como objetivo, sino como un cambio necesario para que el cliente pueda salir del atolladero en que se mete una y otra vez.
- No basta con revisar emociones y creencias. Hay algo más arraigado en el cliente,  UNA TENDENCIA A CONDUCIRSE POR LOS CAMINOS TRILLADOS O A DISCURRIR POR LOS RAÍLES DE SIEMPRE, QUE RESULTA MUY DIFÍCIL "DESARRAIGAR". Hay algo que podemos llamar "la impronta profunda".
- Ejemplo:

Cuando alguno de mis padres me atendía, siendo yo pequeño, lo hacía con notable sufrimiento, suyo y mío. A veces pagaba un alto precio, del tipo que fuera, para proveer mis necesidades. Yo aprendí a vivir con cierto dolor al contacto íntimo.
Con independencia de que esto pueda reflejarse en la creencia con características de introyecto "el amor es sacrificio", aquí hay algo más. La creencia se reflejará también como juicio de valor. El sufrimiento se convertirá así en prueba de validez profunda del verdadero amor. A esto es a lo que me refiero como "impronta profunda", o como "raíles arraigados".
- Desarraigar una actitud no quiere decir nada como amputarla, eliminarla o suprimirla, sino flexibilizarla, es decir, encontrar alternativas de pensamiento o acción. Que su manera de reaccionar hasta hoy deje de ser la única, no que pretenda arrancarla de su persona.
- Una actitud sólo puede cambiarse cuando pueden reconocerse sus tres ingredientes, la conexión entre ellos, especialmente la conexión entre introyecto, valor y emoción, en la forma que he descrito anteriormente, y se trabaja con todo ello de manera conjunta.
- Desde el punto de vista práctico, una vez identificada la tendencia, lo importante es:
1. Encontrar qué la activa, ante qué o ante quién se activa, cuál es el gatillo que dispara la tendencia, y cómo ocurre. El proceso de darse cuenta es imprescindible
2. La atención a lo corporal. Todo impulso tiene una base corporal. Muchos movimientos son sutiles y otros se quedan en tensiones.
3. La conexión entre actitudes y pautas de relación manipulativa. Trabajar sobre la forma como el cliente manipula, encontrar a qué necesidad trata de responder de forma neurótica.
- En todo caso, el asunto de las actitudes es hoy por hoy una zona oscura en la Gestalt, poco trabajada o poco desarrollada.

Terapia Gestalt: una guía de trabajo

pp. 198-204 

domingo, 12 de febrero de 2017

Terapia Gestalt en palabras de Jorge Bucay


Es una terapia al servicio de comprender lo que te está pasando en cada momento. Una terapia destinada a abrir brechas entre tus máscaras, para dejar salir cada vez más al verdadero ser que eres.
Una terapia, de alguna manera, única e indescriptible, porque está armada sobre la estructura de dos personas únicas e indescriptibles que somos tú y yo; y que han acordado, por ahora, prestar más atención al proceso de crecimiento de una de ellas: tú.
Una terapia que no cura a nadie, porque reconoce que sólo puede ayudar a algunos a que se curen a sí mismos. Una terapia que no intenta producir ninguna reacción, sino solamente actuar como un catalizador capaz de acelerar un proceso, que se hubiera producido de todas maneras con o sin terapeuta.
Una terapia que (al menos con este terapeuta) se parece cada vez más a un proceso didáctico, y en fin, una terapia que jerarquiza más el sentir que el pensar, más el hacer que el planificar, más el ser que el tener, más el presente que el pasado o el futuro.

Partimos de la idea de no investigar el origen de los sufrimientos (psicoanálisis), ni elegir conductas para saltear ese sufrimiento (conductismo); más bien la tarea se centra en establecer qué está pasando con esta peculiar persona que está en consulta y para qué está ella en esta situación.

La ventaja es que no son terapias tan largas como el psicoanálisis, ni tan cortas como las neoconductistas; una terapia de este modelo transcurrirá en un lapso de seis meses a dos años. Sin tener la profundidad ortodoxa, genera una buena dosis de autoconocimiento y un buen nivel de manejo de los propios recursos.

Anida el peligro de promover en los pacientes, aunque sea por un rato, la idea de una filosofía de vida indolente y liviana, una postura de "vivir el momento" que no tiene nada que ver con el "presente" que estas escuelas plantean, el que por supuesto admite y requiere muchas veces de la experiencia y de los proyectos de vida.

Recuentos para Demián
pp. 64-65, 68-69