miércoles, 29 de junio de 2016

La hermos sirvienta


Erase una vez un sultán, dueño de la fe y del mundo. Habiendo salido de caza, se alejó de su palacio y, en su camino, se cruzó con una joven esclava. En un instante él mismo se convirtió en esclavo. Compró a aquella sirvienta y la condujo a su palacio para decorar su dormitorio con aquella belleza. Pero, enseguida, la sirvienta cayó enferma.

¡Siempre pasa lo mismo! Se encuentra la cántara, pero no hay agua. Y cuando se encuentra agua, ¡la cántara está rota! Cuando se encuentra un asno, es imposible encontrar una silla. Cuando por fin se encuentra la silla, el asno ha sido devorado por el lobo.

El sultán reunió a todos los médicos y les dijo:

Estoy triste, sólo ella podrá poner remedio a mi pena. Aquel de vosotros que logre curar al alma de mi alma, podrá participar de mis tesoros.

Los médicos le respondieron:

Te prometemos hacer lo necesario. Cada uno de nosotros es como el Mesías de este mundo. Conocemos el bálsamo que conviene a las heridas del corazón.

Al decir esto, los médicos habían menospreciado la voluntad divina. Pues olvidar decir “¡Insh Allah!” hace al hombre impotente. Los médicos ensayaron numerosas terapias, pero ninguna fue eficaz. La hermosa sirvienta se desmejoraba cada día un poco más y las lágrimas del sultán se transformaban en arroyo.

Todos los remedios ensayados daban el resultado inverso del efecto provisto. El sultán, al comprobar la impotencia de sus médicos, se trasladó a la mezquita. Se prosternó ante el Mihrab e inundó el suelo con sus lágrimas. Dio gracias a Dios y le dijo:

“Tú has atendido siempre a mis necesidades y yo he cometido el error de dirigirme a alguien distinto a ti. ¡Perdóname!”

Esta sincera plegaria hizo desbordarse el océano de los favores divinos, y el sultán, con los ojos llenos de lágrimas, cayó en un profundo sueño. En su sueño, vio a un anciano que le decía:

“¡Oh, sultán! ¡Tus ruegos han sido escuchados! Mañana recibirás la visita de un extranjero. Es un hombre justo y digno de confianza. Es también un buen médico. Hay sabiduría en sus remedios y su sabiduría procede del poder de Dios”.

Al despertar, el sultán se sintió colmado de alegría y se instaló en su ventana para esperar el momento en el que se realizaría su sueño. Pronto vio llegar a un hombre deslumbrante como el sol en la sombra.

Era, desde luego, el rostro con el que había soñado. Acogió al extranjero como a un visir y dos océanos de amor se reunieron. El anfitrión y su huésped se hicieron amigos y el sultán dijo:

“Mi verdadera amada eras tú y no esta sirvienta. En este bajo mundo, hay que acometer una empresa para que se realice otra. ¡Soy tu servidor”.

Se abrazaron y el sultán añadió:

“¡La belleza de tu rostro es una respuesta a cualquier pregunta!”.

Mientras le contaba su historia, acompañó al sabio anciano junto a la sirvienta enferma. El anciano observó su tez, le tomó el pulso y descubrió todos los síntomas de la enfermedad. Después, dijo:

“Los médicos que te han cuidado no han hecho sino agravar tu estado, pues no han estudiado tu corazón”.

No tardó en descubrir la causa de la enfermedad, pero no dijo una palabra de ella. Los males del corazón son tan evidentes como los de la vesícula. Cuando la leña arde, se percibe. Y nuestro médico comprendió rápidamente que no era el cuerpo de la sirvienta el afectado, sino su corazón.

Pero, cualquiera que sea el medio por el cual se intenta describir el estado de un enamorado, se encuentra uno tan desprovisto de palabras como si fuera mudo ¡Sí! Nuestra lengua es muy hábil en hacer comentarios, pero el amor sin comentarios es aún más hermoso. En su ambición por describir el amor, la razón se encuentra como un asno tendido cuan largo es sobre el lodo. Pues el testigo del sol es el mismo sol.

El sabio anciano pidió al sultán que hiciera salir a todos los ocupantes del palacio, extraños o amigos.

“Quiero, dijo, que nadie pueda escuchar a las puertas, pues tengo unas preguntas que hacer a la enferma”.

La sirvienta y el anciano se quedaron, pues, solos en el palacio del sultán. El anciano empezó entonces a interrogarla con mucha dulzura:

“¿De dónde vienes? Tú no debes ignorar que cada región tiene métodos curativos propios. ¿Te quedan parientes en tu país? ¿Vecinos? ¿Gente a la que amas?”.

Y, mientras le hacía preguntas sobre su pasado, seguía tomándole el pulso.

Si alguien se ha clavado una espina en el pie, lo apoya en su rodilla e intenta sacársela por todos los medios. Si una espina en el pie causa tanto sufrimiento, ¡qué decir de una espina en el corazón! Si llega a clavarse una espina bajo la cola de un asno, éste se pone a rebuznar creyendo que sus voces van a quitarle la espina, cuando lo que hace falta es un hombre inteligente que lo alivie.

Así nuestro competente médico prestaba gran atención al pulso de la enferma en cada una de las preguntas que le hacía. Le preguntó cuáles eran las personas con quienes vivía y comía. El pulso permanecía invariable hasta el momento en que mencionó la ciudad de Samarkanda. Comprobó una repentina aceleración. Las mejillas de la enferma, que hasta entonces eran muy pálidas, empezaron a ruborizarse. La sirvienta le reveló entonces que la causa de sus tormentos era un joyero de Samarkanda que vivía en su barrio cuando ella había estado en aquella ciudad.

El médico le dijo entonces:

“No te inquietes más, he comprendido la razón de tu enfermedad y tengo lo que necesitas para curarte. ¡Que tu corazón enfermo recobre la alegría! Pero no reveles a nadie tu secreto, ni siquiera al sultán”.

Después fue a reunirse con el sultán, le expuso la situación y le dijo:

“Es preciso que hagamos venir a esa persona, que la invites personalmente. No hay duda de que estará encantado con tal invitación, sobre todo si le envías como regalo unos vestidos adornados con oro y plata”.

El sultán se apresuró a enviar a algunos de sus servidores como mensajeros ante el joyero de Samarkanda. Cuando llegaron a su destino, fueron a ver al joyero y le dijeron:

“¡Oh, hombre de talento! ¡Tu nombre es célebre en todas partes! Y nuestro sultán desea confiarte el puesto de joyero de su palacio. Te envía unos vestidos, oro y plata. Si vienes, serás su protegido”.

A la vista de los presentes que se le hacían, el joyero, sin sombra de duda, tomó el camino del palacio con el corazón henchido de gozo. Dejó su país, abandonando a sus hijos, y a su familia, soñando con riquezas. Pero el ángel de la muerte le decía al oído:

“¡Vaya! ¿Crees acaso poder llevarte al más allá aquello con los que sueñas?”.

A su llegada, el joyero fue presentado al sultán. Este lo honró mucho y le confió la custodia de todos sus tesoros. El anciano médico pidió entonces al sultán que uniera al joyero con la hermosa sirvienta para que el fuego de su nostalgia se apagase por el agua de la unión.

Durante seis meses, el joyero y la hermosa sirvienta vivieron en placer y en el gozo. La enferma sanaba y se volvía cada vez más hermosa.

Un día, el médico preparó una cocción para que el joyero enfermase. Y, bajo el efecto de su enfermedad, este último perdió toda su belleza. Sus mejillas palidecieron y el corazón de la hermosa sirvienta se enfrió en su relación con él. Su amor por él disminuyó así hasta desaparecer completamente.

Cuando el amor depende de los colores o de los perfumes, no es amor, es una vergüenza. Sus más hermosas plumas, para el pavo real, son enemigas. El zorro que va desprevenido pierde la vida a causa de su cola. El elefante pierde la suya por un poco de marfil.

El joyero decía:

“Un cazador ha hecho correr mi sangre, como si yo fuese una gacela y él quisiera apoderarse de mi almizcle. Que el que ha hecho eso no crea que no me vengaré”.

Rindió el alma y la sirvienta quedó libre de los tormentos del amor. Pero el amor a lo efímero no es amor.

Mawlana Yalal al-Din Rumi. 150 Cuentos Sufíes extraídos del Matnawi. Ed. Paidos, Orientalia.

domingo, 26 de junio de 2016

Alfred Korzybski, Semántica general


- La semántica general (creada en 1933) es una ciencia empírica que busca el ajuste del lenguaje a la realidad.
- Al estudiar los problemas de la naturaleza humana, Korzybski vio que se requería la revisión de viejas nociones acerca de los humanos, nociones heredadas de los antiguos griegos. Construyó una definición funcional del "hombre" desde el punto de vista epistemológico, histórico y de la ingeniería.
- Evitó los dogmas mitológicos y se preguntó: "¿Cuál es la característica única que hace humanos a los humanos? A diferencia de los animales, el hombre tiene la capacidad potencial de volver a partir desde el punto en el que la generación precedente se detuvo. El hombre puede crear, conservar y transmitir el fruto de sus aprendizajes personales a las generaciones futuras, mediante proceso socio-culturales y neurológicos. Esta capacidad la llamó timebrinding (enlazar el tiempo).
Como ingeniero que era se preguntó: "¿Por qué las estructuras levantadas por un ingeniero se sostienen o en su caso, se pueden prever sus debilidades, mientras que en los sistemas políticos, económicos, sociales, se vienen abajo y no se descubren sus errores? ¿Qué hacen los ingenieros en el plano neurológico? Utilizan un lenguaje especial, restrictivo pero "perfecto", llamado matemáticas, lenguaje semejante a la de los hechos de los que trata y que produce, resultados empíricos predecibles. En cambio, los políticos, los economistas, levantan estructuras inestables con lenguajes cuya estructura no es semejante a los hechos de la ciencia y de la vida tal como la conocemos hoy en día. Aunque los hechos históricos sean conocidos, las soluciones a los problemas humanos han permanecido bloqueadas por los dogmas metafísicos, mitológicos y precientíficos, que impiden detectar los errores fundamentales".
- Antes que Korzybski, Michel Bréal introdujo la palabra semántica (semainein = "querer decir, significar") insistiendo en el sentido a nivel verbal. Welby, su contemporánea, introdujo una teoría de los significados, algo más organísmico que el mero sentido de Bréal.
Korsybski, en 1933, la llamó semántica general, porque trata de las reacciones nerviosas del organismo humano considerado como-un-todo-en-los-entornos y porque está más fundamentada organísticamente que el "sentido" de las palabras (Bréal) o los significados (Welby).
- Para entender el trabajo del sistema nervioso humano como-un-todo había que establecer los límites de funcionamiento nervioso con ejemplos como: el mejor producto del comportamiento humano (las matemáticas), y el peor (los desórdenes psiquiátricos). Se descubrió que, en los dos extremos, los mecanismos psicológicos eran similares y diferían en su grado no en su naturaleza; y que las reacciones de la mayoría de la gente se sitúan entre ambos puntos. Los individuos "medios", "normales" se comportan a menudo como si determinadas situaciones u acontecimientos, aquí y ahora tuvieran un valor idéntico a otras situaciones u acontecimientos sucedidos en otra parte, algunos años atrás. Tales personas no son conscientes de estas diferencias cruciales en el espacio-tiempo y, al ser incapaces de controlarlo, sus reacciones continúan produciéndose en un nivel infantil y, en consecuencia, desajustado a su situación actual. La psicoterapia busca reorientar a la persona en su espacio-tiempo, eliminando la identificación del pasado con el presente.
- La nueva definición de número como relaciones asimétricas, específicas y únicas desarrolló soluciones en estos términos, conduciendo a la estructura. Ahora, con la estructura, como único contenido del conocimiento humano, y de las matemáticas como sistema de relaciones; la validez de los métodos matemáticos queda bien aplicado a los problemas humanos de la vida.
- Las premisas de la semántica general, también llamada "no-aristotélica", son:
1.- Un mapa no es el territorio. Esto es: una palabra no es lo que representa.
2.- Un mapa no representa todo el territorio. Esto es: una palabra no representa todos los "hechos", etc.
3.- Un mapa es auto-reflexivo en el sentido de que un mapa "ideal" debería incluir un mapa del mapa, etc., indefinidamente. Esto es: el lenguaje es auto-reflexivo en el sentido de que podemos emplearlo para hablar sobre el propio lenguaje.
Sin embargo, nuestras reacciones habituales, están apoyadas en postulados inconscientes, pre-científicos y primitivos que, puestos en práctica, violan, la mayoría de las veces, las dos primeras premisas e ignoran la tercera. Las matemáticas y la semántica general son las únicas excepciones.
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http://esgs.free.fr/es/art/ak1.htm

domingo, 12 de junio de 2016

Jefes con sentimientos

Hace varios años, una gran empresa emprendió un esfuerzo de cambio. Trataba de incorporar más disciplina y compromiso en la organización. El director era un impulsor clave del cambio. En las reuniones de la dirección había bastante tensión. Meses después del comienzo del proceso de cambio, al director le preocupaba la reacción de la gente ante su autoridad. Como aceptaba ante sus amigos que estaba aprendiendo mucho, el consejo que se le dio fue que "dejara que la gente de la organización también lo supiera. Eso serviría para despejar el "mito de perfección" que le rodeaba". Empezó a hacerlo y este simple paso ayudó a que otros también vieran que podían ser aprendices. Desató grandes energías y experimentos y más de una sorpresa...

El cambio es cosa de todos

pp. 81-82 

sábado, 4 de junio de 2016

Hans-Georg Gadamer


Gadamer nació el 11 de febrero de 1900 y murió el 13 de marzo del 2002. Abiertamente anti-nazi, se comprometió durante un buen tiempo a un debate abierto con Habermas, e intentó mantener otro similar con Derrida. Fue discípulo y amigo cercano de Martin Heidegger, de quien recibió sus principales influencias. Entre sus obras traducidas al español se encuentran: “Verdad y Método” considerada su obra principal, editada originalmente en 1960 y con una segunda parte editada en 1986; “El Estado Oculto de la Salud”; “El Giro Hermenéutico”; “Mito y Razón”; entre otros.

Gadamer es considerado uno de los principales exponentes de la Hermenéutica: rama de la Fenomenología que consiste en realizar interpretaciones de textos buscando alcanzar un significado lo más cercano posible al originalmente propuesto por el autor de los mismos.

Podemos ver fácilmente como estos estudios pueden resultar útiles para la psicoterapia. Si tomamos en cuenta que toda persona que busca la ayuda de un terapeuta le presenta a éste una narrativa de su ser y su existencia, la investigación conjunta (del cliente con su terapeuta) de dicha narrativa, puede apoyarse de la hermenéutica de Gadamer para realizar un mayor y mejor acercamiento a la realidad del diálogo que se presenta, y que constituye la base de la conversación terapéutica.

Desde el punto de vista de este filósofo, la aplicación popular de la fenomenología (que suele ser de la fenomenología husserliana) fallaría desde su base al intentar realizar una epoche (suspensión        o puesta entre paréntesis de la actitud natural de transferir significados precedentes a la experiencia actual es decir, el intento de evitar que cualquier juicio o prejuicio interfiera en nuestra comprensión del fenómeno estudiado) antes de poder describir y comprender la realidad que intentamos conocer, en este caso las experiencias de una persona o grupo de personas.

Siguiendo a Heidegger, quien se distanció del que había sido su maestro (Husserl) entre otras cosas por considerar que no es posible “poner entre paréntesis al mundo”,  Gadamer creía que resulta imposible no interpretar: siempre interpretamos, incluso cuando desconocemos o negamos que lo estamos haciendo. Como estableció en su clásico texto, la verdad y el método están profundamente ligados, al grado que no podemos pensar uno sin el otro. Esto significa que cada vez que intentamos comprender la verdad de algo, el método que sigamos para alcanzar nuestro objetivo influenciará de manera importante aquella verdad que lleguemos a conocer. De hecho, en el momento mismo de la percepción estamos realizando ya una interpretación es decir, aquello que percibimos resulta ser en realidad un reflejo de la forma específica como solemos ser y estar-en-el-mundo.

Todos pertenecemos a una cierta sociedad y cultura que nos conforma y moldea a la vez que nosotros participamos de su co-construcción. Por ello, para Gadamer no cabe neutralidad ni autocancelación ante un texto. Aplicando estas ideas a la psicoterapia, diríamos que no resulta conveniente que el terapeuta intente ser “neutral” ante su cliente, ni tampoco que  autocancele sus propias reacciones, pensamientos o emociones ante su cliente o las experiencias que éste le narra. Sería más conveniente reconocer que es imposible no realizar una cierta traducción de su narrativa simplemente en nuestra forma de escucharle. Únicamente reconociendo este hecho fundamental podemos llegar a una conversación en la que se reconozca el encuentro presente entre un Yo y un Tú.

Ante cualquier narrativa (o en otras palabras, ante cualquier experiencia que nos narre un cliente), no podemos evitar relacionarnos con la misma incorporando nuestras opiniones previas y prejuicios. De hecho, es un resultado de la ilustración este intento por alcanzar un “conocimiento objetivo”, libre de prejuicios sobre un fenómeno observado. Sin embargo, uno de los principales avances de la fenomenología es el reconocimiento de que tal acercamiento “puro” resulta imposible. Se puede decir que la ilustración nos trajo “un  prejuicio contra los prejuicios”.

La invitación de Gadamer resulta útil  sobre todo a la psicoterapia de orientación relacional (como es el caso de algunas perspectivas existenciales), ya que si un terapeuta desea establecer un diálogo y encuentro  genuino con su cliente, bien podría empezar por reconocer que no puede no interpretar lo que éste le cuente, y que de hecho la narrativa del cliente ya es una serie de interpretaciones a un conjunto de experiencias y fenómenos. Partiendo de esta realidad, en vez de negar los prejuicios presentes, la conversación terapéutica puede centrarse también en el análisis conjunto de dichos prejuicios e interpretaciones que, después de todo, constituyen una de las bases fundamentales de lo que somos: nuestra historia, cultura y redes relacionales que conforman el sustento mismo de nuestro ser.

Yaqui Andrés Martínez
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domingo, 29 de mayo de 2016

Problemas de pareja


Me gustaría desarrollar el asunto de cómo la gente se cuenta cuentos, cómo se arma libretos y se los cree.

¿No te parece impresionante que alguien se junte o se separe, sufra o se aleje una y otra vez y no tenga claro el porqué?
"Los hombres no sirven para nada", "yo necesito un hombre fuerte y siempre me tocan los débiles", "ya pasó mi cuarto de hora","así como soy nadie me va a querer", "los hombres solo quieren acostarse y después alejarse", "las mujeres lo único que quieren es un tipo que las mantenga", "yo con alguien así jamás tendría nada", etc. etc,.



Cada uno tiene una historia de condicionamientos neuróticos que quiere encajar en la situación con los otros. El tema de los cuentos que se inventa cada uno no sería tan grave de no ser porque terminan por convertirse en profecías que se autorrealizan.

Por ejemplo, una mujer que teme ser abandonada. Cada vez que nota un pequeño alejamiento de su pareja vuelve con el reproche:
"Ves que no me querés, que siempre me dejás sola"

Si el hombre estaba tomando una pequeña y transitoria distancia, ella con sus reproches va a ir reforzando la actitud de él a distanciarse, hasta que el hombre se sienta abrumado y finalmente la deje.

Luego, ella confirmará su teoría de que los hombres siempre la dejan sola, que no se puede confiar en ellos, etc.



En estas situaciones es importante tomar conciencia. Darmos cuenta de qué hacemos para repetir la historia es el primer paso para dejar de hacerlo.
En las parejas los libretos de cada integrante se apoderan cada vez más de la relación e influyen en la percepción que cada uno tiene del otro.
Cada uno asigna a su compañero un rol en su historia y entre los dos crean una realidad distorsionada.
Las personas establecen sus relaciones con una idea de lo que va a ocurrir, se comportan como si eso ocurriera efectivamente hasta que consiguen que suceda.



Estuve viendo a la pareja que me mandaste:
Roberto y Cristina.
Cada uno vino, como siempre vienen las parejas, con sus creencias a cuestas. Ella con la idea de que en una buena pareja el otro debe ser siempre prioridad uno. Él con la convicción de que los problemas del vínculo se deben a que son diferentes,"porque en una pareja lo importante es coincidir".



Hay que ayudar a la gente a salirse del mito que supone que si nos queremos tenemos que
coincidir en todo. No es así, amarse no sígnifíc pensar igual ni quererte más que a mí mismo. La cuestión es que me respetes como soy.
La cuestión es "amarse con los ojos abiertos como el titulo de nuestro libro.
Cuando podemos lograr esto en una pareja, n es tan difícil ponernos de acuerdo, porque y hay un acuerdo esencial: yo te acepto como so~ y vos me aceptás como soy.



Deberíamos insistir acerca de lo maravilloso que es sentírse aceptado como uno es, porque la aceptación nos da sensación de libertad; es como un motor que nos permite soltarnos. Es importante trabajar para aceptar a nuestro compañero como es, viéndolo en su totalidad descubriendo su sistema de funcionamiento
respetando su estilo,y respetando su estilo.



Cuando uno de los integrantes de una pareja dice: "me gustaría que fueras menos esto o más aquello", no advierte que si el otro efectivamente cambiara, cambiaría entonces todo el sistema, y es más, nadie podría garantizar que la persona que reclamaba el cambio siga sintiendo que el otro le gusta, porque el cambio lo habrá convertido en otra persona.
Sabemos que queremos al otro así como es; no podemos saber silo querremos cuando sea de otra manera.
Las personas somos un paquete completo y amar es poder aceptar al otro como un solo paquete, quererlo como es, sin intentar cambiarlo. En fin, todo un desafio.., que empieza por uno mismo.
Aceptarte empieza por aceptarme.
Aceptarse,debemos repetir hasta el cansancio, no quiere decir resignarse o creer que no hay mejoras.
Todo lo contrario: estamos convencidos de que es ese movimiento de aceptación y no pelea (y ninguna otra cosa) lo que puede generar el cambio verdadero.
Todo cambia naturalmente. Si me doy cuenta de eso me entrego sin miedo, porque sé que no me voy a quedar estancado allí, que la vida es un fluir permanente.
Aunque suene contradictorio, querer cambiar es frenar este proceso natural de cambio. Por el contrario., aceptar es permitir el cambio natural que se va a dar sin que yo lo decida.
Estar vivo es estar en movimiento permanente; lo que no puedo hacer es querer dirigir ese cambio.



Si juntamos estos dos temas (el de la falta de aceptación y el de atarnos a nuestras creencias) tendremos el mapa de los problemas del 90 % de las parejas.
Entramos en la pareja llenos de ideas sobre cómo debe ser el vínculo, cómo se comporta una mujer, cómo se comporta un hombre, cómo debería comportarse alguien que nos quiere, qué es y qué no es compartir, cuánto y cómo se debe hacer el amor, si debemos hacer o no todo juntos, etc.
Y ni en la pareja ni en los individuos existe un deber ser que determine lo que es mejor. Lo mejor es siempre ser quien uno es.
Es verdad que es posible evolucionar y superarse, pero solo cuando partimos de aceptar que somos quienes somos aquí y ahora. Dice La Nana:
"Nadie puede construir un puente sobre un río que no ve.
Aceptarnos no quiere decir renunciar a mejorar, quiere decir vernos como somos, no enojarnos con lo que nos pasa, tener una actitud amorosa y establecer un vínculo reparador con nosotros mismos, que es lo que nos ayuda a crecer.
Si seguimos en el trabajo de autotortura, exigiéndonos ser lo que no somos, seguramente terminaremos colgando en alguien la causa de nuestro descontento. En un principio este lugar lo ocupan los padres; pero luego, en la medida en que crecemos desplazamos esta acusación a nuestra pareja: "El (o ella) es el (la) culpable de que no me desarrolle profesionalmente, de que no me divierta, de que no gane plata, de que no sea feliz."
El trabajo empieza por uno.
Aceptarnos es habitar confortable y relajadamente en nosotros mismos.


Amarse con los ojos abiertos
pp. 229-233 

viernes, 27 de mayo de 2016

El temido enemigo


La idea de este cuento llegó a mí escuchando un relato de Enrique Mariscal. Me permití, partir de allí prolongar el cuento transformarlo en otra historia con otro mensaje y  otro sentido. Así como está ahora se lo regalé una tarde a mí amigo Norbi.  

Había una vez, en un reino muy lejano y perdido, un rey al que le gustaba sentirse poderoso. Su deseo de poder no se satisfacía sólo con tenerlo, él, necesitaba además, que todos lo admiraran por ser poderoso, así como la madrastra de Blanca Nieves no le alcanzaba con verse bella, también él necesitaba mirarse en un espejo que le dijera lo poderoso que era.
Él no tenía espejos mágicos, pero contaba con un montón de cortesanos y sirvientes a su alrededor a quienes preguntarle si él, era el más poderoso del reino.
Invariablemente todos le decían lo mismo:
-Alteza, eres muy poderoso, pero tú sabes que el mago tiene un poder que nadie posee: Él, él conoce el futuro.
( En aquel tiempo, alquimistas, filósofos, pensadores, religiosos y místicos eran llamados, genéricamente "magos").
El rey estaba muy celoso del mago del reino pues aquel no sólo tenía fama de ser un hombre muy bueno y generoso, sino que además, el pueblo entero lo amaba, lo admiraba y festejaba que él existiera y viviera allí.
No decían lo mismo del rey.
Quizás porque necesitaba demostrar que era él quien mandaba, el rey no era justo, ni ecuánime, y mucho menos bondadoso.
Un día, cansado de que la gente le contara lo poderoso y querido que era el mago o motivado por esa mezcla de celos y temores que genera la envidia, el rey urdió un plan:
Organizaría una gran fiesta a la cual invitaría al mago y después la cena, pediría la atención de todos. Llamaría al mago al centro del salón y delante de los cortesanos, le preguntaría si era cierto que sabía leer el futuro. El invitado, tendría dos posibilidades: decir que no, defraudando así la admiración de los demás, o decir que sí, confirmando el motivo de su fama. El rey estaba seguro de que escogería la segunda posibilidad. Entonces, le pediría que le dijera la fecha en la que el mago del reino iba a morir. Éste daría una respuesta, un día cualquiera, no importaba cuál. En ese mismo momento, planeaba el rey, sacar su espada y matarlo. Conseguiría con esto dos cosas de un solo golpe: la primera, deshacerse de su enemigo para siempre; la segunda, demostrar que el mago no había podido adelantarse al futuro, y que se había equivocado en su predicción. Se acabaría, en una sola noche. El mago y el mito de sus poderes...
Los preparativos se iniciaron enseguida, y muy pronto el día del festejo llegó...
...Después de la gran cena. El rey hizo pasar al mago al centro y ante le silencio de todos le preguntó:
- ¿Es cierto que puedes leer el futuro?
- Un poco - dijo el mago.
- ¿Y puedes leer tu propio futuro, preguntó el rey?
- Un poco - dijo el mago.
- Entonces quiero que me des una prueba -  dijo el rey -
¿Qué día morirás?. ¿ Cuál es la fecha de tu muerte?
El mago se sonrió, lo miró a los ojos y no contestó.
- ¿Qué pasa mago? -  dijo el rey sonriente -¿No lo sabes?...  ¿no es cierto que puedes ver el futuro?
- No es eso -  dijo el mago  -  pero lo que sé, no me animo a decírtelo.
- ¿Cómo que no te animas?-  dijo el rey-... Yo soy tu soberano y te ordeno que me lo digas. Debes darte cuenta de que es muy importante para el reino, saber cuando perdemos a sus personajes más eminentes... Contéstame pues, ¿cuándo morirá el mago del reino?
Luego de un tenso silencio, el mago lo miró y dijo:
- No puedo precisarte la fecha, pero sé que el mago morirá exactamente un día antes que el rey...
Durante unos instantes, el tiempo se congeló. Un murmullo corrió por entre los invitados.
El rey siempre había dicho que no creía en los magos ni en las adivinaciones, pero lo cierto es que no se animó a matar al mago.
Lentamente el soberano bajó los brazos y se quedó en silencio...
Los pensamientos se agolpaban en su cabeza.
Se dio cuenta de que se había equivocado.
Su odio había sido el peor consejero.
- Alteza, te has puesto pálido. ¿Qué te sucede? - preguntó el invitado.
- Me siento mal  - contestó el monarca - voy a ir a mi cuarto, te agradezco que hayas venido.
Y con un gesto confuso giró en silencio encaminándose a sus habitaciones...
El mago era astuto, había dado la única respuesta que evitaría su muerte.
¿Habría leído su mente?
La predicción no podía ser cierta. Pero... ¿Y si lo fuera?...
Estaba aturdido
Se le ocurrió que sería trágico que le pasara algo al mago camino a su casa.
El rey volvió sobre sus pasos, y dijo en voz alta:
- Mago, eres famoso en el reino por tu sabiduría, te ruego que pases esta noche en el palacio pues debo consultarte por la mañana sobre algunas decisiones reales.
- ¡ Majestad!. Será un gran honor... - dijo el invitado con una reverencia.
El rey dio órdenes a sus guardias personales para que acompañaran al mago hasta las habitaciones de huéspedes en el palacio y para que custodiasen  su puerta asegurándose de que nada pasara...
Esa noche el soberano no pudo conciliar el sueño. Estuvo muy inquieto pensando qué pasaría si el mago le hubiera caído mal la comida, o si se hubiera hecho daño accidentalmente durante la noche, o si, simplemente, le hubiera llegado su hora.
Bien temprano en la mañana el rey golpeó en las habitaciones de su invitado.
Él nunca en su vida había pensado en consultar ninguna de sus decisiones, pero esta vez, en cuánto el mago lo recibió, hizo la pregunta... necesitaba una excusa.
Y el mago, que era un sabio, le dio una respuesta correcta, creativa y justa.
El rey, casi sin escuchar la respuesta alabó a su huésped por su inteligencia y le pidió que se quedara un día más, supuestamente, para "consultarle" otro asunto... (obviamente, el rey sólo quería asegurarse de que nada le pasara).
El mago - que gozaba de la libertad que sólo conquistan los iluminados - aceptó...
Desde entonces todos los días, por la mañana o por la tarde, el rey iba hasta las habitaciones del mago para consultarlo y lo comprometía para una nueva consulta al día siguiente.
No pasó mucho tiempo antes de que el rey se diera cuenta de que los consejos de su nuevo asesor eran siempre acertados y terminara, casi sin notarlo, teniéndolos en cuenta en cada una de las decisiones.
Pasaron los meses y luego los años.
Y como siempre... estar cerca del que sabe vuelve el que no sabe, más sabio.
Así fue: el rey poco a poco se fue volviendo más y más justo.
Ya no era despótico ni autoritario. Dejó de necesitar sentirse poderoso, y seguramente por ello dejó de necesitar demostrar su poder.
Empezó a aprender que la humildad también podía ser ventajosa empezó a reinar de una manera más sabia y bondadosa.
Y sucedió que su pueblo empezó a quererlo, como nunca lo había querido antes.
El rey ya no iba a ver al mago investigando por su salud, iba realmente para aprender, para compartir una decisión o simplemente para charlar, porque el rey y el mago habían llegado a ser excelentes amigos.
Un día, a más de cuatro años de aquella cena, y sin motivo, el rey recordó.
Recordó aquel plan aquel plan que alguna vez urdió para matar a este su entonces más odiado enemigo
Y sé dio cuenta que no podía seguir manteniendo este secreto sin sentirse un hipócrita.
El rey tomó coraje y fue hasta la habitación del mago. Golpeó la puerta y apenas entró le dijo:
- Hermano, tengo algo que contarte que me oprime el pecho
- Dime - dijo el mago - y alivia tu corazón.
- Aquella noche, cuando te invité a cenar y te pregunté sobre tu muerte, yo no quería en realidad saber sobre tu futuro, planeaba matarte y frente a cualquier cosa que me dijeras, porque quería que tu muerte inesperada desmitificara para siempre tu fama de adivino. Te odiaba porque todos te amaban... Estoy tan avergonzado...
- Aquella noche no me animé a matarte y ahora que somos amigos, y más que amigos, hermanos, me aterra pensar lo que hubiera perdido si lo hubiese hecho.
Hoy he sentido que no puedo seguir ocultándote mi infamia.
Necesité decirte todo esto para que tú me perdones o me desprecies, pero sin ocultamientos.
El mago lo miró y le dijo:
- Has tardado mucho tiempo en poder decírmelo. Pero de todas maneras, me alegra, me alegra que lo hayas hecho, porque esto es lo único que me permitirá decirte que ya lo sabía.  Cuando me hiciste la pregunta y bajaste tu mano sobre el puño de tu espada, fue tan clara tu intención, que no hacía falta adivino para darse cuenta de lo que pensabas hacer, - el mago sonrió y puso su mano en el hombro del rey. - Como justo pago a tu sinceridad, debo decirte que yo también te mentí... Te confieso hoy  que inventé esa absurda historia de mi muerte antes de la tuya para darte una lección. Una lección que recién hoy estás en condiciones de aprender,  quizás la más importante cosa que yo te haya enseñado nunca.
Vamos por el mundo odiando y rechazando aspectos de los otros y hasta de nosotros mismos que creemos despreciables, amenazantes o inútiles... y sin embargo, si nos damos tiempo, terminaremos dándonos cuenta de lo mucho que nos costaría vivir sin aquellas cosas que en un momento rechazamos.
Tu muerte, querido amigo, llegará justo, justo el día de tu muerte, y ni un minuto antes. Es importante que sepas que yo estoy viejo, y que mi día seguramente se acerca. No hay ninguna razón para pensar que tu partida deba estar atada a la mía. Son nuestras vidas las que se han ligado, no nuestras muertes.
El rey y el mago se abrazaron y festejaron brindando por la confianza que cada uno sentía en esta relación que habían sabido construir juntos...
Cuenta la leyenda... que misteriosamente...  esa misma noche... el mago... murió durante el sueño.
El rey se enteró de la mala noticia a la mañana siguiente... y se sintió desolado.
No estaba angustiado por la idea de su propia muerte, había aprendido del mago a desapegarse hasta de su permanencia en el mundo.
Estaba triste, simplemente por la muerte de su amigo.
¿Qué coincidencia extraña había hecho que el rey pudiera contarle esto al mago justo la noche anterior a su muerte?.
Tal vez, tal vez de alguna manera desconocida el mago había hecho que él pudiera decirle esto para quitarle su fantasía de morirse un día después.
Un último acto de amor para librarlo de sus temores de otros tiempos...
Cuentan que el rey se levantó y que con sus propias manos cavó en el jardín, bajo su ventana, una tumba para su amigo, el mago.
Enterró allí su cuerpo y el resto del día se quedó al lado del montículo de tierra, llorando como se llora ante la pérdida de los seres queridos.
Y recién entrada la noche, el rey volvió a su habitación.
Cuenta la leyenda... que esa misma noche... veinticuatro horas después de la muerte del mago, el rey  murió en su lecho mientras dormía... quizás de casualidad... quizás de dolor... quizás para confirmar la última enseñanza del maestro.


Cuentos para pensar


pp. 33-40 

martes, 24 de mayo de 2016

El mito de Sísifo


Camus recurre a la figura mitológica de Sísifo, quien fue tan astuto que pudo engañar a Tanatos; por ese motivo fue condenado a cargar con una piedra desde lo profundo del infierno por una ladera empinada, pero antes de alcanzar la cima de la colina la piedra siempre rodaba hacia abajo; para volver a empezar de nuevo y así por la eternidad.
En este diálogo imaginario entre los autores, como lo decíamos en la introducción, Camus se pone de pie y pregunta a Frankl: ¿la vida vale la pena?, ¿por qué entonces algunos prefieren quitársela?, ¿cómo es la relación entre el pensamiento y la acción del suicida?, pues "el gusano se encuentra en el corazón del hombre". El que se mata confiesa que la vida lo supera o no la entiende, que "no vale la pena", que el sufrimiento es inútil (Cfr. Frankl).
"En un universo privado de ilusiones y de luces, el hombre se siente extranjero", está desterrado, ha perdido la esperanza de la tierra prometida. Esta situación provoca el absurdo, para el que el suicidio es la solución. Cree que negarle un sentido a la vida equivale a declarar que la vida no vale la pena de ser vivida.
Frente a lo absurdo surge un día el "por qué". El cansancio de la vida maquinal inaugura un movimiento de la conciencia, la cual decide si continuar en la inconsciencia o despertar definitivamente. El cansancio o lasitud es bueno pues pone en aviso a la conciencia de la presencia de lo absurdo. Sartre la llama la "náusea", es decir, la pantomima que los hombres realizan sin sentido y que vuelve estúpido cuanto los rodea.
Analizando la vida del hombre constatamos algunas consecuencias de los descubrimientos absurdos como: que todo verdadero conocimiento es imposible. Sólo podemos enumerar las apariencias, este espesor y extrañeza del mundo es lo absurdo. La humanidad que vive como si no supiera que va a morir, el alma no se deja percibir en el cuerpo inerte. Reduce todo pensamiento a lo antropomórfico. El pensamiento no puede descubrir en los fenómenos las relaciones eternas y la ansiada felicidad eterna. Ni siquiera puede decir se sí mismo que se conoce y por lo tanto será un extraño para sí mismo. Y volvemos al principio…el hombre como Sísifo están viviendo una vida que no llega a su fin, una vida sin sentido, una vida absurda.
Parece que nunca como hoy se ha atacado tanto a la razón y su incapacidad para dar explicaciones claras y suficientes a los hombres. Ante el caos, la nostalgia y lo absurdo, termina toda lógica de la existencia.
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-     Camus, Albert. El mito de Sísifo, Alianza Editorial, pp. 13-42.


Antología IPH 

jueves, 19 de mayo de 2016

El hombre de la mancha


Había una vez un ser extraño. No podía ni él mismo precisar su "extrañez". No se debía ni a su apariencia física ni a su desbordada emotividad o su probada inteligencia, No. No se debía a sus ropajes de colores ocres o pardos ni a su andar pausado o su constante divagar por parajes lejanos. No se debía ni a sus sueños poblados de sombras y luces o de falsos multicolores o criaturas mitológicas y seres de difícil clasificación... No, por ahí no era. Ni se debía tampoco a su edad sin edad, a su tiempo sin tiempo, a su momento atemporal. Se debía, quizá, simple y llanamente a su lunar... un lunar grande, oscuro y de vello espeso que le cubría parte de la mano derecha... Si, tal vez, tal vez ese era el motivo, tal vez por fin había encontrado la respuesta... El lunar era la causa de esa molesta sensación de opresión ¿molesta?, en realidad era más bien una discorde sensación con un tufillo lejano de no sé que...

Esa mañana estuvo revisando a conciencia su lunar, esa extraña mancha que lo cubría... tanto tiempo con él y hasta ahora le prestaba la atención que se merecía, tanto tiempo justo delante de sus narices y apenas ahora lo tenía tan claro: él era el causante de sus males, de sus dolencias, de sus pesares... él tenía la culpa de esa extraña "extrañez" que lo habitaba, esa mancha odiosa, insidiosa, negroide, animal y bastarda.

Tomó la navaja... una sonrisa diabólica reflejó su rostro... Nunca se había sentido tan(m)bien. Miró el cielo: reverberaba y hasta pudo percibir una leve brisa en la frente, las sienes y el ondular de su cabello... inspiró profundamente... cuán fresco se sentía el viento hoy, como que intuía atisbos de libertad... pasó los dedos por la hoja afilada de la navaja tomándose todo el tiempo del mundo. No hay prisa, no puede haberla en un momento así... saboreó su filo, paladeó la sensación de la piel abriéndose de par en par y dejando que la sangre tomase su cause hacia la madre tierra... lentamente, se imaginó como la "mancha" se desprendía de su sitio y lentamente se consumía y devoraba a sí misma en la noche, mientras él se despedía de ella cariñosamente puesto que a partir de ese momento ya nada sería igual... La mácula por fin lo habría abandonado... Un escalofrío recorrió su espalda al intuir esto último:

"¿Qué pasará entonces? ¿Qué hay más allá del lugar sin lunar? ¿Qué se sentirá respirar sin ese pesado bulto que oprime algo más que el cuerpo? ¿Adónde ir? ¿Qué hacer?"

Meditó ampliamente esto. Duró varios días sin comer, dándole vueltas al asunto, un asunto que se había tornado en su prioridad, un asunto sobre el cual giraba toda su vida y su muerte.

No pudo finalmente decidirse entre el deshacerse de su maldición o entregarse completamente a ella... Con la mirada perdida y vagando en el ocaso se le mira todavía... dicen de él que suspira lamento y aspira melancolía... dicen también que pasa largas horas extasiado contemplando su mancha en una procesión sin principio ni fin... Por ahí rumoran que hasta le habla y se han hecho grandes amigos aunque por momentos la odia a muerte, pero intuye que su muerte está unida a la de ella.

Hombre y mancha caminan juntos.


Jorge Mendoza
http://www.personarte.com/hombremacula.htm